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Visita de nuestro Obispo Monseñor Marcelo Martorell a su Santidad Papa Francisco



Hoy jueves celebramos en la basílica de San Pedro, pidiendo la intercesión del primer Papa, y luego tuvimos un encuentro de más de dos horas con el Santo Padre. Después de seis años, creo que hemos aprendido a mirarlo con ojos sobrenaturales, reconociendo que ya no es sólo Bergoglio, sino el Vicario de Cristo que nos confirma en la fe.

En la conversación amena el Papa nos pidió que habláramos con espontaneidad y sin protocolo. Algunos obispos contaron alegrías y dificultades de sus Diócesis. Varios mencionamos las dificultades de la gente por la crisis económica. El Papa agradeció mucho lo que hace la Iglesia en Argentina para contener, asistir y ayudar a los que la pasan mal. También agradeció mucho lo que hace la Iglesia en prevención de adicciones y en el acompañamiento de los adictos.

Dado que se mencionaron las inundaciones en el Chaco, insistió en que hay que tomarse en serio el cambio climático sin dejarse llevar por los intentos de relativizarlo. Narró el caso de pequeños países insulares que están desapareciendo a causa de la subida del nivel del mar. Por lo tanto, rogó que sepamos sensibilizar a la gente acerca de la necesidad de reconciliarnos con la naturaleza.

También se mencionó la polarización que existe en nuestra sociedad, acentuada en el debate sobre el aborto, que ha causado también una mayor reticencia en muchos jóvenes ante el mensaje de la Iglesia. No obstante, el Papa pidió apostar por la pastoral juvenil, a la luz de la exhortación Christus vivit, y dio cuatro sugerencias al respecto: 1) Bancarse a los jóvenes, no tenerles miedo, escuchar con cariño sus críticas y sus diferencias de pensamiento. 2) Para ello, estar mucho tiempo sentados, dándoles tiempo. 3) Cuidar mucho el testimonio que les damos, porque los alejan las incoherencias. 4) Caminar con ellos sin pretender imponerles esquemas de planes, horarios, estructuras, dejándonos desinstalar y sin exigirles que sean perfectos de golpe.

Destacó mucho el valor de la religiosidad popular, mejor llamada “piedad” popular o “espiritualidad” popular, como en Aparecida. Dijo que a veces el elitismo en el clero lleva a despreciar estos caminos espontáneos como el pueblo de Dios expresa su fe. Recomendó la lectura del filósofo Kusch y valoró algunos procesos educativos como el que se realizó con la figura del Gauchito Gil, donde se puso el acento en la Cruz que el gauchito veneraba.

Algunos obispos manifestaron su dolor por la manera injusta en que es tratada la figura del Papa en algunos medios, incluso en medios católicos. No se destacan o no se analizan suficientemente grandes aportes suyos a la paz mundial, como cuando besó los pies a los líderes de Sud Sudán o su encuentro con dirigentes musulmanes, y en cambio se mencionan sus chistes a los peluqueros, cuando no se ridiculizan o se politizan sus afirmaciones o se lo pone bajo sospecha permanente, si es que no se cae en groseras fake news. La respuesta de Francisco fue que no se les echaran las culpas a los medios argentinos porque esto sucede en muchos lugares del mundo debido a determinados intereses globales, y recordó los cuatro pecados de la comunicación: la desinformación, cuando se dice sólo una parte de la realidad; la calumnia; la difamación con respecto a cuestiones íntimas y la “coprofilia” (amor a todo lo que sea excremento).

Igualmente mencionó la gravedad del problema educativo en Argentina. El bajo nivel de discusión, la facilidad con la que se cree lo que se dice en operativos mediáticos y conque se alimentan las polarizaciones, son indicios, entre otros, de una educación muy pobre.

Al preguntársele sobre la educación católica pidió que las instituciones educativas sean espacios de encuentro con Cristo y también rogó que se cuide la equidad entre las distintas escuelas, para que en cada diócesis no haya algunas que sufran necesidad.

Acerca de la pedofilia, anunció que están por salir nuevas normativas más precisas, enriquecidas por el encuentro realizado en Roma meses atrás.

Con respecto a los seminarios, pidió evitar los seminarios pequeños y favorecer las agrupaciones de seminarios o los seminarios regionales. También evitar los seminarios que sean refugios ideológicos. Acentuó la necesidad de cuidar los distintos aspectos de la formación: espiritual, intelectual, comunitaria-humana y pastoral. Con respecto a esta última se detuvo a valorar la actividad pastoral de los fines de semana como importante recurso formativo, que los seminaristas no deben entender como un escape o una distracción sino como un dejarse formar por el pueblo de Dios, actividad que a su vez debe ser acompañada, orientada y evaluada junto con los formadores y con la colaboración de los párrocos. Resaltó que una formación rígida o aislada almidona, o prepara solterones, pero no madura ni capacita para enfrentar los desafíos. Finalmente mencionó que un test importante para medir la calidad de la formación son las homilías de los sacerdotes: allí se ve el fervor espiritual, la solidez doctrinal y la formación bíblica, el amor a la gente y la empatía, etc. Pidió además que en todas las diócesis se asegure la oración por las vocaciones junto con un serio trabajo vocacional,

En relación con la vida de los sacerdotes, explicó que el sentido del sacerdocio diocesano está relacionado con cuatro “cercanías”. La cercanía a Dios, que implica no empezar ni terminar el día sin estar un rato ante el sagrario. La cercanía con el Obispo, padre y pastor de la Diócesis, que debe procurar abrir espacios de diálogo. La cercanía con los demás sacerdotes, expresada de maneras muy concretas (“evitando las oficinas de chusmeríos que son algunos grupos”). La cercanía con el Pueblo de Dios, cargada de cariño, de compasión, de servicio y de respeto,

Valoró mucho la defensa de la vida, pero pidió coherencia: el que ama la vida defiende los ataques a la dignidad de los pobres, las angustias que provoca la desatención de la salud de los indigentes, la vida de los ancianos, etc. Cuando se ama la vida se la defiende desde la concepción, en todas sus etapas y hasta el final.

Se mencionó la falta de vocaciones para la vida religiosa y la situación crítica de algunas congregaciones. El Papa remarcó la centralidad del testimonio, porque un joven o una joven decide entrar a una congregación diciendo: “quiero ser como este o como esta”. Pero al mismo tiempo pidió evitar los restauracionismos de congregaciones rígidas y moralistas que por falta de una auténtica y completa maduración terminan en la podredumbre. Comienzan con muchas vocaciones y acaban podridas.

Se le preguntó acerca de sus supuestos “voceros”. Comentó que algunos que suelen ser considerados voceros suyos son sólo personas que a veces conversan con él o que participan de encuentros en el Vaticano, pero que de ninguna manera son sus voceros. Ellos quizás intentan interpretar a su modo cosas que le escuchan, pero eso corre por su cuenta porque su único vocero es la “Sala stampa” del Vaticano.

Con respecto a su visita a Argentina expresó que es su deseo visitarnos, y que se intentó a finales de 2017, aunque por diversas circunstancias no se pudo concretar. Pero pidió comprensión, porque él ya hizo su aporte en Argentina mientras ahora, con la ayuda de sus colaboradores, analiza la necesidad de estar presente en lugares del mundo que son estratégicos o donde se necesita especialmente su presencia. Todavía necesita visitar países africanos muy marcados por la pobreza o la violencia, así como países asiáticos que son claves para el diálogo interreligioso, como Japón o Tailandia, por ejemplo. Su agenda ahora está más marcada por las necesidades de la Iglesia y de la sociedad en el complejo mundo global, que por sus sentimientos.

Varios obispos le expresaron que más allá de todo sabemos que el pueblo de Dios en general lo aprecia y lo valora. Finalmente, el Papa bendijo a los obispos y expresó que, a través de cada uno su bendición llega a todas las comunidades diocesanas.


Expresiones de Monseñor Víctor Fernández, Arzobispo de La Plata


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