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De casos y cosas

Actualizado: 18 de abr de 2018




Curiosamente, algunos encariñan al auto como si fuera mujer y suben su mujer como

si fuera el auto . . .

Curiosa confusión entre cosa y persona.

Normal  en los niños que tienen la formidable facilidad  de animar los objetos. Sus

juguetes sienten, hablan, cantan. Mundo propio de los dibujos animados donde el

auto  ríe, estornuda, se sacude y el peluche se deja tapar cuando siente frio. El papá

puede naturalmente convertirse en caballito, perro o robocob según la necesidad del

momento.

Juego sano de los pequeños y  muy valioso ensayo para tejer paso a paso el

entramado vincular con el mundo que los rodea. Así, cuando son grandes pueden

poner las cosas en su  justo valor de uso y a las personas identificarlas empáticamente

como semejantes. El otro adquiere capacidad de convertirse en semejante  que desea

no ser tomado como juguete.

Confundir – siendo  adulto – el status de personas con cosas,  ocasiona un problema 

serio de convivencia con pronóstico complicado. Conforma una discapacidad o - con

mejor  pronóstico -  una inmadurez del desarrollo.

Cuando el horizonte vivencial  se va poblando únicamente de objetos, con mayor o

menor valor agregado según las urgencias del momento, la convivencia no es

sustentable y se vuelve peligrosa .

Peligrosa, porque cualquier frustración se transforma  en molestia, la molestia en

estorbo y la cosa que estorba acaba por eliminarse. Es el destino natural de las

cosas;  cuando no satisfacen, estorban. Momento justo de procesar  el descarte.

Peligrosa la convivencia, porque con ese patrón de comportamiento cosificante  puede

ser eliminada cualquier mujer en la  eventualidad   de no satisfacer  un deseo. 

Convivencia de riesgo para  el niño también, porque puede  convertirse en   estorbo;

existen diversas formas de eliminar  la molestia: van desde el abandono, pasando por

el golpe, hasta la aniquilación. El desecho  humano siempre es posible - aún antes del

nacimiento -  una vez que haya pasado por el escaneo  cosificante y no pueda salir de

ahí.  

Desconocer, ignorar, o negar rango de semejante a un otro, es un trastorno psíquico.

Genera en principio un entramado vincular violento que  entraña en sí mismo un

formidable potencial de aniquilamiento.

Corolario del caso:

persistiendo en el trato igualitario, sin discriminación, entre el auto y su mujer; el dueño

quedó sorprendido, no logrando entender el porqué alguien dijo que esto se llamaba

violencia . . .

Seguía convencido que los problemas se arreglan en el taller y no en el consultorio!


Dr. Gerardo Vetter

Psicólogo clínico

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